Cada vez somos más los que estamos enganchados a las redes sociales que nos hace tener una presencia continua, casi obsesiva. La mayoría justificamos esta adicción porque “es parte de nuestro trabajo”.

En ocasiones, pienso si realmente la presencia en redes sociales es eficaz o simplemente hay que estar porque todo el mundo está o porque hemos creado un micro mundo que nosotros mismos estamos alimentando, y que sin duda nos conviene profesionalmente pero que quizás no responde a la realidad.

Una reflexión personal: ¿cuántas veces un potencial cliente ve un tuit nuestro? ¿Qué valor le otorga? ¿Le condiciona o le ayuda a tomar la decisión de contratar nuestros servicios?

Últimamente me ronda la cabeza el convencimiento de que nuestros perfiles de redes sociales solo son seguidos por  los amigos, los clientes fieles, la competencia y los coleccionistas de seguidores. Pero que los potenciales clientes no le van a dar  demasiado  valor , incluso en ocasiones puede llegar a tener consecuencias  negativas en el caso de algún tuit desafortunado o con implicaciones políticas.

Los profesionales del Marketing, como cualquier otro gremio, tenemos una visión endogámica por no decir egocéntrica de nuestras propias virtudes y de nuestra capacidad de ser influyentes. También suele ocurrir que nos creemos nuestras propias “mentiras” y recibimos enormes dosis de satisfacción cuando nos alaban públicamente bien a través de un “retuit” o de un “me gusta”. De aquí mi título y reflexión.

Pero más allá de esto ¿existe un retorno efectivo?

Yo cada vez lo dudo más y en mi opinión deberíamos volver  a confiar en las estrategias de comunicación clásicas: crear contenidos de calidad y buscar publicar estos contenidos en los medios de comunicación, buscando el prestigio y reputación derivados de la propia publicación. Posteriormente, a través de mis redes promocionaré el artículo o nota de prensa publicada, con el objetivo de llegar más allá del medio de comunicación, además de reflejar y mostrar mi prestigio por haber sido considerado fuente de información.

Mi planteamiento puede estar condicionado por la edad que en ciertos momentos me puede hacer sentir fuera de esta corriente tecnológica que nos devora. O quizás sea que  no todo lo nuevo tiene que ser maravilloso y mucho menos arrinconar a las estrategias que han demostrado ser útiles y valiosas.

One thought on “Sexo, mentiras y marketing jurídico

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