El pasado jueves tuve el honor y el placer de moderar una jornada sobre modelos de negocios en la abogacía. Con Alfonso Carrascosa, presidente de Legálitas, Ramón Mesonero-Romanos, socio y Responsable de Desarrollo de Negocio de Ceca Magán Abogados, Luís Romero, socio director del despacho que lleva su nombre, Pedro Sevilla, Director de Marketing y Comunicación de Arriaga Asociados, debatimos sobre sus modelos de negocio y el futuro que nos viene encima desde hace ya algunos años.

Quisimos exponer cuatro modelos de empresas del sector legal con diferentes conceptos y modelos. Creo que lo hemos conseguido y hemos podido presentar al público una pequeña muestra de modelos de negocio que existen en nuestro país. Pero hay muchos más.

Sin embargo siempre me pregunto, si la gran mayoría de los despachos tiene un modelo de negocio, definidos sus productos, saben donde están sus clientes, como atenderlos y que ofrecerlos. Mi repuesta a bote pronto es que la inmensa mayoría copia, no se diferencia, ni quiere diferenciarse, porque lo que vale a los demás, también debería valer a ellos.

Una preocupante mentalidad, que solo sirve al salmón, que se esconde entre la masa de salmones que viajan rio arriba y así evita, quizás, que se lo coma el oso Grizzly. Para esconderse vale no tener modelo propio, pero para destacar y seguir haciendo negocio en un mercado complejo y altamente comodizado NO!

Y la cuestión del millón: ¿por qué no se piensa en un modelo propio? Y lamentablemente la respuesta es sencilla: ¡La falta de ganas o de posibilidad de invertir!

El jueves pasado tuvimos a cuatro despachos que si han invertido. Algunos mucho en publicidad, otros en fichar socios y reorganizar su despacho, otros en SEO y SEM. Esta capacidad o quizás mentalidad de invertir para crecer, para crear visibilidad, para desarrollar nuevos productos es sustancial para un negocio.

Parece que en la abogacía no se puede invertir, hay que ahorrar, ser austeros, no parecer empresario. Pero la abogacía tradicional no cuenta ya con mucho recorrido en ell futuro, si Jordan Furlong, Richard Susskind, George Beaton, o pensadores domésticos como Antonio Garrigues tienen razón.

“De aquí a 10 años los despachos no se van a conocer: porque se están configurando como empresas de servicios jurídicos”, sentenció Ramón Mesonero-Romanos de Ceca Magan y creo que tiene más razón que un santo. Ya nos lo habían comentado otros abogados, de empresas de vanguardia.

Para afrontar el futuro hay que invertir, en tecnología sobre todo, en promoción y posicionamiento de la empresa y en talento. Tenemos que crear una maquinaria de creación de valor para el cliente, de eficiencia interna y de solvencia tecnológica. Sólo así nos podemos meter de lleno en éste mercado tan competitivo, profesional y regido por el “more for less”.

Hans A. Böck, Fundador de Lawyerpress

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